El mundo transita días marcados por la asunción del nuevo presidente de los Estados Unidos Barack Obama, “obamamanía” de la que no está exento el pueblo argentino y por ende nuestra Presidenta. La primera dignataria en sus reiteradas apariciones públicas, en la nueva escenografía elegida los jardines de la quinta de Olivos, y siempre rodeada por su incondicional claque, anuncia medidas que atenuarían, en nuestro país, los efectos de la crisis mundial, no perdiendo la oportunidad de recordarnos que no necesitamos un plan B. Es cierto, no necesitamos un plan B necesitamos un plan, sin importar la designación alfabética. En alguna de esas insólitas puestas en escena aprovechó para mostrar su beneplácito al considerar que los principios rectores de la futura gestión del nuevo presidente de Norteamérica, manifestados en su discurso de asunción, son equiparables a los ejecutados por su desgarbado, terminología usada por la señora presidenta, marido presidente, del 2003 a la fecha. Sostuvo Ob...
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